Celia en la revolución (Celia, #21) By Elena Fortún

Sumergirse en la poderosa lectura de Celia en la revolución es un ejercicio de valentía. Doloroso. Difícil. Y sin embargo, es imprescindible. Por su valor histórica y literario, porque ha sido la pluma de una #MujerEnLaLiteratura a la que no se le ha dado su lugar y a la que se ha maltratado tan injustamente.

Crítica completa en: https://alibreria.com/2018/05/21/celi... Elena Fortún Nunca me gustaron los libros de Celia cuando era pequeña; me parecía una niña cursi y repipi (tanto diminutivo...) que jugaba a ser traviesa, pero sin la gracia de Guillermo Brown o el sentido de aventura de los Cinco.

Pero cuando me enteré de la reedición de este libro, sí quise leer esta visión -decían- dura y realista de la Guerra Civil.

Y decir que el libro es duro es quedarse cortos; y el final es demoledor. Es un relato de la Guerra Civil en las ciudades, no en el frente, tremendo. El hambre, los bombardeos (la guerra total), los paseos, la enfermedad, la solidaridad, pero también las traiciones, las denuncias, nos dan una visión muy real, muy vívida de lo que fue pasar esos años en zona republicana (Madrid, Valencia y Barcelona son los escenarios de la novela). Y podría parecer exagerado, pero yo ya tenía relatos semejantes de mi abuela (que tenía un año más que Celia cuando comenzó la guerra, 16); de hecho, leer este libro ha sido recordar las anécdotas, las historias que ella me ha contado a lo largo de mi vida, de cómo fue pasar la guerra, con la diferencia de que mi abuela estaba en Toledo y no era una señorita, sino criada en una casa, pero las bombas, el estraperlo, los fusilamientos y las atrocidades -como bien se dice en el libro- ocurrieron en ambos bandos...

Es, por tanto, un relato de mujeres, las que no fueron al frente. Sí, hay personajes masculinos; el padre de Celia, algún amigo que está de permiso, hombres mayores o enfermos... pero hay, sobre todo, mujeres buscándose la vida, ayudándose entre ellas, compartiendo desgracias y pequeñas alegrías. Es un relato de sororidad, aunque no todos los personajes femeninos son buenos o moralmente aceptables; un relato realista como el de esta historia no podría ser maniqueo hasta ese punto.

Es impactante, triste, duro, desagradable a veces, y me lleva a pensar en lo necesarios que son estos relatos para entender qué ocurrió tras el golpe de Estado de 1936, y todo lo que vino después... hasta hoy.

Creo que debería ser de lectura obligatoria en el instituto, no sólo para conocer ese momento histórico, sino para comprender qué hace la guerra con las personas; tal vez así seríamos más empáticos y solidarios con tantas personas desplazadas por conflictos bélicos actuales como Siria o Sudán, que no son -desgraciadamente- únicos ni excepcionales. Elena Fortún Sin duda 5 estrellas porque hacer tantas cosas difíciles en un solo libro las merecen: un libro que se bebe y se bebe con una sed insaciable. Un libro que querrías que siguiera contando más. Una novela sin artificios y con el don de la palabra. Una historia tan bien contada que las imágenes se van levantando antes los ojos. Una sensibilidad a prueba de bombas de las de verdad. Una mujer ante el horror de la guerra de los hombres con la dignidad y el valor exclusivo de las mujeres. Un relato de emociones.

Desde hoy y para siempre fan incondicional de Elena Fortún. Elena Fortún Estoy segura de que a estas alturas todos hemos leído más de una novela ambientatada en la Guerra Civil. Aun así, la lectura de este «Celia en la revolución» no puede dejar indiferente a nadie. No solo porque choca con la idea que todos tenemos de la divertida protagonista creada por Elena Fortún, sino también por el realismo, la crudeza y la naturalidad con la que están narrados los acontecimientos. Es increíble cómo el modo narrativo de la autora, en apariencia (solo en apariencia) tan llano y directo, puede a la vez transmitir tantas emociones. Un libro impresionante, un testimonio valioso y una obra literaria que no entiendo por qué no goza de más popularidad y de todo el reconocimiento que se merece. Está claro que Elena Fortún fue mucho más que la creadora de una niña simpática y traviesa: fue una AUTORA con mayúsculas. Elena Fortún Una novela impresionante y brutal. Es difícil rayar más alto en la elegía a la España de los años 1930. Celia, personaje de literatura infantil, muchacha rubita, resabida, tierna y fantasiosa, se nos presenta aquí abandonada de todos, vagabundeando por ciudades derruidas. Hace el efecto de uno de esos comics underground en los que aparece Minnie Mouse fumando crack en un callejón mugriento. Heidi en Nagasaki.

Inevitablemente se lee menos como una ficción que como un testimonio singular y de rara perspicacia sobre la guerra civil española. No parece ilegítimo: la autora, sabemos, estuvo en los mismos lugares a los que conduce a su protagonista. Incluso quienes crean que conocen bien la vida social durante la guerra de España descubrirán en estas páginas aspectos ignorados, paradojas y aberraciones de la vida en la retaguardia (que, por cierto, Elena Fortún insiste en presentar como más atroz y representativa que la experiencia del frente).

Los que se pregunten a qué bando apoya Celia estarán leyendo esta novela contra la veta. Para Celia, como para la mayoría de la gente, la guerra civil fue una circunstancia impuesta, sobrevenida, que obligaba a contorsionar dolorosamente las propias convicciones. Elena Fortún

A través de los ojos de esta prematura mujer de quince años vemos y sentimos los pensamientos y los sufrimientos de Elena Fortún durante la guerra civil española.
Ilustraciones de Asun Balzola ; edición y prólogo de Marisol Dorao. Balzola, Asun. 1942-2006. ilustrador. Celia en la revolución (Celia, #21)

—Y ¿es verdad que en el frente los soldados reclaman libros? ¿Es verdad que leen?
—Sí, se lee mucho... se lee como no se ha leído nunca... Mucha gente había que en su vida cogió un libro en sus manos y ahora lee con una ansiedad... como para desquitarse del tiempo perdido...
—¿Leen a Galdós?
—Sí... y a Pereda, y a Valera, y a Gómez de la Serna, y a Pérez de Ayala, y a Azorín... Pío Baroja gusta mucho... Y también se leen muchos libros extranjeros traducidos... Todos los libros tienen público... Es posible que la guerra tenga un fin social que nadie hubiera sospechado. Elena Fortún Celia en la revolución (Elena Fortún)

Hace poco tiempo, mientras paseaba con mi familia un domingo por la mañana, mi madre me dio un discreto codazo y me susurró: “mira, ésa es la que llevaba todo lo de la Sección Femenina aquí”. Este comentario me hizo preguntarme cuántas otras personas que habían detentado modestas parcelas de poder durante el franquismo se hallaban en esos momentos camufladas entre el gentío.
Mi madre ha sido una ávida lectora de las historia de Celia en su niñez, y conserva los libros con cariño, junto con su colección de Antoñita la Fantástica. Muy probablemente el personaje de Celia sea más conocido hoy en día por la adaptación televisiva que se realizó con los guiones de la novelista Carmen Martín Gaite, otra forofa que escribió también estudios sobre Elena Fortún, su creadora. La serie televisiva recrea un mundo de clase media acomodada y de ideología abierta y liberal, pero imprecisa. Si bien no sabríamos determinar exactamente a qué partido político hubiese pertenecido el padre de Celia, el inicio de Celia en la revolución lo revela herido y convaleciente tras haber combatido en el frente de Madrid. Esa dicotomía entre la buena posición socioeconómica, y el compromiso con la defensa de la República, convierte a Celia en un interesantísimo testigo y protagonista de la guerra civil española.
Cuando Celia regresa a Madrid furtivamente desde Segovia tras el 18 de julio de 1936, para cuidar de su padre, registra en su relato su sorpresa de ver las calles de Madrid descuidadas y llenas de gente mal vestida, como si los ricos que tan bien se acicalaban habitualmente hubiesen desaparecido para quizás camuflarse también entre lo que Celia llama “el pueblo”. Ella misma, que además de ocuparse de su padre ayuda en un hogar infantil para huérfanos y refugiados de guerra, se ve transformada de “señorita” en “camarada”. Aunque tiene el buen juicio de callar, le molesta que los milicianos hayan sacado las butacas nobles a la puerta del palacete donde se ha instalado el hogar infantil, para instalarse en ellas mientras hacen guardia.
Resulta a su vez revelador que, cuando el padre de Celia sale del hospital y la familia vuelve a vivir en su chalé de Chamartín, la muchacha disfruta desmedidamente de sus muebles, alfombras y recuerdos personales, limpiándolo todo minuciosamente. Inevitablemente los bombardeos y los refugiados terminan llegando hasta las puertas del chalé, y Celia no puede esconder su fastidio al ver su preciosa casa pisoteada e invadida por gentes extrañas y malolientes:
“Nuestra casa primorosa se ha convertido en un campamento. He cubierto los divanes y butacas con sábanas, he recogido las alfombras y entre Guadalupe y yo hemos quitado visillos y colgaduras.
¡Huele mal la casa! Este hacinamiento de gentes que duermen vestidas produce un olor rancio y repugnante. (…)
Yo procuro inhibirme de todo esto que me produce un dolor sordo sobre la amargura del ambiente…” (Fortún, 2014, IX)
Y sin embargo, a medida de que la situación empeora, Celia se avergüenza de un egoísmo que, a pesar de todo, nunca le había hecho plantearse cerrar su casa a los refugiados: “Mi casita, limpia y arreglada, con alfombras, tapices y cortinas, me parece ya un pecado entre tanta miseria…” (Fortún, 2014, IX).
Las penurias sufridas durante la guerra civil española y la posguerra, desde el hambre y los bombardeos hasta los fusilamientos, han sido estudiados y novelados a posteriori, pero testimonios inmediatos como Celia en la revolución en Madrid, Valencia y Barcelona, o Doy fe (Antonio Ruiz Vilaplana) en Burgos no pueden dejar de conmovernos de una manera diferente: aquí está cristalizado lo que se vivió de verdad. Y es que fueron libros escritos en el momento o poco después (1943, en el caso de Celia en la revolución), y que permanecieron inéditos o se publicaron con muchas dificultades, junto con otros que cita Andrés Trapiello en su introducción.
Como no podía ser de otra manera, el personaje de Celia evoluciona a lo largo del relato, pero sin demarcarse nunca políticamente. En el Madrid de 1936, como ya se ha visto, los ciudadanos de derechas tratan de pasar desapercibidos, como la señora de Orduña, una mujer sorda, que evita salir a la calle y que le dice a Celia durante una visita:
“- ¡Con que han fusilado a Julia y a su hijo! –me dice a voces sin perder su alegría-. Hija, esto es el fin del mundo. (…) Ya pronto entrarán las tropas de Franco y se arreglará todo… Creo que vienen hacia acá. Claro que ellos también van a fusilar en cuanto lleguen… A tu papá, que es un loco como mi hijo Enrique, le fusilarán enseguida, no te quepa duda”. (Fortún, 2014, VI)
Posiblemente Celia en la revolución es una de las pocas novelas de la guerra civil que entrevera notas de humor. Por ejemplo, esta señora, durante esta visita, termina poniéndose pesadísima con unas huelgas que hubo en Salamanca durante la Primera República y que a la jovencísima Celia le parecen antediluvianas.
Este encuentro viene a verse replicado en Valencia, en 1939, cuando Celia se encuentra a punto de embarcar hacia Francia. En una de las despedidas tiene la desilusión de descubrir que, entre un grupo de amigos que la habían ayudado, se camuflaba otra señora de derechas que decide regodearse ante su desdicha y la llama “enemiga”:
“- Sí, tú, mosquita muerta, tú –dice Marcela, riendo-. ¿Es que no eres enemiga de Franco? Pues nosotros somos sus amigos… y mucho más desde que sabemos que va a venir…
Se ríen ante mi cara de asombro”. (Fortún, 2016, XXVIII)
Celia se siente muy defraudada ante estas palabras, y reflexiona así mientras mira la calle por la ventana: “El sol ilumina las aceras por donde pasa la gente, ¡estas aceras y esta gente que ya no veré más…! ¡Y me alegro! Ahora siento alegría de dejar esto… Todos dicen que me quieren, pero aseguran que soy su enemiga, y ellos lo son de mi padre… ¡Mentían antes! ¡Mentían por miedo! El pueblo les fusilaba porque sabía que mentían…”. (Fortún, 2016, XXVIII)
Se trata de un fuerte contraste con la muchacha que siempre había deplorado los fusilamientos que vio en Madrid, y que había rechazado la posibilidad de apuntarse al partido comunista porque para ella lo más importante era la libertad, por ejemplo, la libertad de desear vivir bien y poder disfrutarlo. Y sin embargo, en el relato se constata también el consuelo pragmático de otra amiga, que le recuerda que estas personas “se quedan aquí y tienen que vivir…” (Fortún, 2016, XXVIII).
Este breve análisis da sólo una pequeña muestra de la rica variedad de personajes, ideas y situaciones que Elena Fortún despliega en Celia en la revolución. Si bien puede leerse como un Bildungsroman, asoman en el relato controvertidas posiciones que quizás no hubiesen podido explorarse en obras partidistas: desde el padre de Celia, tan idealista, que le insiste a la muchacha en que no mencione las checas, porque son propaganda franquista, hasta el joven novio, que le explica que, cuando se disponía a fusilar, no era él, no se sentía él mismo. El relato que Elena Fortún hace es lúcido, detallado y descorazonador, y debe constituir una obra muy recomendable para entender la guerra civil española.

Referencia:
Fortún, E. (1987, 2014) Celia en la revolución, [ebook reader], Sevilla, Editorial Renacimiento Elena Fortún Es tristísimo ver crecer a uno de tus personajes de la infancia, sobre todo cuando todo su mundo se desmorona y el tiempo le conduce inevitablemente a las bombas y al hambre de Madrid, al asesinato de muchos de los que la rodean, a la miseria y a la soledad del exilio, y esto con tan solo quince o dieciséis años. Probablemente la novela más auténtica que he leído sobre la Guerra Civil Española. Elena Fortún Obra genial, que trasciende épocas y nacionalidades: la cruda realidad del individuo civilizado frente a la sociedad politizada, frente a las masas deshumanizadas. Un verdadero tesoro de la literatura española del infame siglo XX. Celia perdió la inocencia; ustedes adquiéranla. Elena Fortún Al final me ha acabado gustando bastante, sobre todo por el poco pudor a la hora de narrar tantos horrores durante la guerra civil. Celia es una ya adolescente que se va topando con la realidad de los años del 36 al 39 desde su punto de vista ingenuo e inocente, pero sin tabúes. He tenido que leer un libro juvenil para recordar que en la guerra se pasó muy mal, a unos niveles muy fuertes (bombardeos constantes, gente comiendo perros, gatos, y hasta ratas). Me ha servido para tomar conciencia; creo que siempre he conocido la historia de España con un velo translúcido, que me han conmovido más otras guerras, me han parecido más horrorosas.

Empecé a leerlo con un poco de desgana al ver que me encontraba ante un borrador (nunca llegó a terminarlo realmente) y eso hacía que pasara de una escena a otra sin transición, pero la historia que cuenta es tan dura, tan real, que ha tenido un efecto muy fuerte en mí. Creo que lo recomendaría como toma de conciencia express más que desde un punto de vista literario; pero eso, recomendado. Elena Fortún

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Celia